martes, 31 de agosto de 2010

ROJO: el miedo y la ceguera












Las elecciones traen bombardas verbales a las que estamos acostumbrados: trapos sucios, amistades peligrosas, planes cadavéricos. La crítica llega a sus extremos buscando influir en el electorado, que por ley deberá acudir a dar veredicto. Entre esas voces puse atención al adjetivo ROJO. Terror, muerte, matar, totalitarismo, caos, muerte, muerte… ese reflejo moral se prendió inconciente, como el 1+1=2, lo más seguro es que haya aprendido ambos al mismo tiempo, y de la misma forma: miedo. Para sumar la certeza era total y así debía ser para el ROJO. Pero la gente no estaba contenta.

En esos días para mi ROJO era una ventana forrada con cinta adhesiva y un coche bomba, mientras para muchos era un padre, un hijo, un hermano, que no volvía a casa. Nadie les dijo Cómo, Cuándo y Por Qué. No había maestros ni libros de texto que evidencien la lógica. ROJO era la evidencia, la marca, el argumento último. Años pasaron para que alguien les respondiera, y aún siguen preguntando. “Verdad y Reconciliación” para entender, para rescatar, para liberar… ¿Qué se entendió al final? ¿Una estadística de muerte? ¿Ceguera y olvido?

¿Es suficiente el ROJO, para la ignorancia fundacional que se tuvo con las provincias, para la falta de representación, para la corrupción histórica y progresiva, para la dictadura hermética y sorda? Tanta sangre ya había corrido y ahora esto era ROJO. Una clase sin clase se vistió de ROJO no por los eruditos europeos y sus utopías sociales, ni por la cortina terrestre que cubría el mundo. Vestían ROJO desde hace mucho antes esperando que el agua del río deje de teñir, y se cansaron. La rebelión ciega trajo muerte y destrucción, y al final el líder conveniente lo llamó ROJO. Y todos convidamos de su miopía pues era más fácil que ver la viga en el ojo propio. “V y R” entre ciegos y aterrados, sordos y coléricos…

Me pedirán veredicto, y en la millonésima culpa, habré elegido, ya sin miedo, buscando respuestas de por qué se quema mi casa y mi pueblo.